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Senderos del Ki Recomendaciones para la práctica de Zazen  
   

La práctica de zazen es tanto o más antigua que el propio Sakiamuni Buda, pero es indudable que la mayor parte de las personas relacionan esta postura con el Buda mismo, pues lo cierto en este sentido es que fue a partir de su propia práctica que sentarse a meditar con las piernas cruzadas se divulgó y popularizó por todo el planeta.

Desde la antigüedad, zazen era una práctica reservada especialmente a los monjes budistas que habitaban en templos y monasterios; sin embargo, con el transcurrir de los tiempos y tras la llegada de esta práctica a Occidente, resultó de lo más común que hoy día tanto monjes, sacerdotes como laicos o legos, nos sentemos a hacer zazen.

Para aquellos interesados en su práctica, me permito acercarles lo que mi maestro Ricardo Dokyu ha aprendido de sus maestros sobre la postura de zazen, en una línea que llega hasta el maestro Dogen (1200–1253), creador de la escuela Budista Soto Zen, a la que él pertenece, y cuya transmisión continúa hasta hoy en cuanto a cómo adoptar la postura correcta a la hora de “sentar”, como se suele decir.

Es recomendable contar con un cuarto o espacio silencioso que facilite la concentración y tranquilidad durante nuestra meditación, como así también estar vestidos con ropas cómodas y limpias.

Generalmente, se coloca en el suelo una estera o manta cuadrada y un almohadón redondo sobre ella.
Tradicionalmente, se suele sentar en la postura llamada “loto” o “semi loto”. En la primera posición, colocá primero tu pie derecho sobre el muslo izquierdo y luego tu pie izquierdo sobre el muslo derecho. En la segunda posición, colocá tu pie izquierdo sobre el muslo derecho y la otra pierna por debajo. En ambos casos, pueden cambiar el orden de la pierna
que va arriba.

Para quienes les resulte difícil cualquiera de las dos posiciones, se puede utilizar un banquito especialmente diseñado para tal fin, el cual tiene un asiento, muchas veces acolchado para mayor comodidad, que mide 50 cm por 20 cm. Las patas traseras son de 20 cm y las delanteras son de 15 cm aproximadamente.

En este banquito, las piernas quedan colocadas en posición seiza, como se dice en japonés, es decir, hacia atrás, como sentados sobre los talones.

En última instancia, se pueden sentar en una silla o banco convencional, teniendo la precaución de hacerlo sobre el borde, para no dejar caer la columna hacia el respaldo.

En todos los casos señalados, se trata de tener tres puntos de apoyo (la cola en nuestro asiento y las dos rodillas, o ambos pies, bien plantados en el suelo).

En cuanto a la columna vertebral, no debe caer hacia ningún lado, permaneciendo erecta pero no rígida.

La mano izquierda se coloca sobre la mano derecha con las palmas hacia arriba, dedos sobre dedos, y los pulgares se rozan casi imperceptiblemente, colocándolas a la altura del
tan tien (debajo del ombligo).

Los brazos deben caer cómodamente sin que los codos se despeguen demasiado del cuerpo.
La barbilla se retrae, de este modo, se estira la zona cervical, las orejas están en línea con los hombros, la lengua se apoya en la raíz de los dientes superiores con la boca bien cerrada y los párpados bajan sin cerrar totalmente los ojos.

Finalmente, habiendo armonizado cuerpo y mente, tomá una respiración profunda, balanceá tu cuerpo de izquierda a derecha unas pocas veces y entonces, sentate firmemente como una roca, dejando pasar los pensamientos y respirando lentamente, de manera que la exhalación sea más larga que la inhalación.

El tiempo que normalmente dura una meditación es de cuarenta minutos, pero se puede comenzar por veinte e ir aumentando el tiempo poco a poco.

Nuestra atención y concentración deben estar dirigidas a observar sin juzgar los pensamientos, la postura y la respiración; si resulta un tanto difícil, podés optar por contar las respiraciones, teniendo así un motivo más de atención, hasta que en algún tiempo no sea necesario continuar contando.

Por último, y como bien señalan los maestros, zazen no es la meditación paso a paso, es la simple y serena alegría de la práctica, dondequiera que nos encontremos.”

 

 

 

   
Claudio Ríos  
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